jueves, 18 de junio de 2026
niño
martes, 9 de junio de 2026
conversaciones
jueves, 21 de mayo de 2026
derrumbes
sábado, 16 de mayo de 2026
funerales
Quizá fue el paso al sedentarismo. Permanecer. Estar. Echar raíces, ser perpetuos. Quizá fue una forma de sublevación: me quedo, construyo, domestico, me apropio. Y ya sabemos, porque lo sabemos: no hay nada que dure para siempre; no hay nada que realmente nos pertenezca; no hay nada que el imperio pueda hacer contra su fin.
Que aferrarse es asumir la agonía, que los duelos existen porque existen. Que quizá los caminantes y los balseros seguían las estrellas, el movimiento, y perpetuaron sus pasos por acantilados de nubes que les hicieron llegar a las constelaciones. Quizá sabían que era imposible residir eternamente. Y por millones de años supieron caminar por el cosmos.
Que sí, que con la agricultura podíamos controlar qué comer, pero que con el paso del tiempo los cercos nos encerraron a nosotros mismos. Y las fortificaciones se volvieron celdas. Y la idea de vivir seguros se perpetuó.
Sin pasos. Sin rituales. Queriendo hacer eterno lo pasajero, perdimos la curiosidad del errante, quisimos eternizarnos en tierras que, como sabemos, no son nuestras, ni lo serán.
Y pensamos que podíamos quedarnos; hicimos lo posible por permanecer.
Pero quizá nuestro destino siempre ha sido caminar.
domingo, 10 de mayo de 2026
escapatorias
miércoles, 6 de mayo de 2026
impostores
Reventó el globo e impuso a gritos su deseo de silencio.
Pero nosotros, que de parlanchines la mala fama y de callados ni la sombra; nosotros, que de tanto dicharachar, la lengua cobra vida, nos envuelve el rostro y habla por sí sola; ¿de verdad pensaron que lo iban a lograr? ¿Que de pronto íbamos a dejar de pulir el aire con las entonaciones de nuestras risas?
Siempre lo quisieron así, ¿no? desde que el grito alegórico del nacimiento quebró la atmósfera pulcra de la sala del hospital ustedes ya sabían que con nosotros no. Que el escupitajo en la cara del policía y de frente ante cualquier autoridad. Que las banderas incendiarias y sus estandartes quemados. Que el bullicio y el alboroto. Que por favor los decibeles y la paz acústica. Que la voz rebota en eco entre paredes y árboles asonantes.
Ustedes, que intentaron negar nuestra forma de nombrar y que hicieron del coa un mal chiste. Ustedes, que hicieron hipérbole de la coprolalia y terminaron siendo imitaciones dignas de las inteligencias artificiales intentando ser el arte...
Y nosotros, con léxicos propios que nunca entenderían; con la agudeza vivida de los bares y los pasajes; con la risa de funerales y los llantos de las fiestas; y ustedes, que de malmirarnos terminaron queriendo ser todo lo que somos. Ustedes, en su simulación entre papeles con gente muerta, que sí se parecen a lo que ustedes son: falsificaciones; convenciones; fingidos acuerdos.
Quédense ahí. En su sepulcro. En su alba. En su petulante ignorancia. Si total, nunca van a dejar de ser lo que son. Ya no supieron lo que fuimos. Tampoco saben lo que somos. Y nunca pero nunca lo van a saber. Y así nomás se quedan.
Ya, Shh...
viernes, 1 de mayo de 2026
inevitabilidades
miércoles, 22 de abril de 2026
retornos
Llegaste con un poco de tierra y barro, desempolvándote para que te viera con la mayor de las prestancias.
Te vi y recordé inmediatamente las vueltas y los mareos, las mañanas con el alba naciente y las tardes al lado de la estufa. La emoción fue tanta que agité las manos sin poder creer lo que estaba viendo.
Yo te había dejado con un Tabaco, en una noche lluviosa que empapó de sangre y lágrimas el repentino ajetreo de saber que te estabas yendo, que te habías ido. De ahí que te recordé por las mañanas, en los platos vacíos, y en un rascador que, de haber estado tú, hubiese llevado tu nombre.
Recuerdo tu último grito, la agonía, el mirarte directamente a los ojos suplicándote que te quedaras, mientras tú me dejabas con tu cuerpo frío entre mis manos. Quizá viniste porque te quedaste con mis lágrimas, con mis amuletos y con nuestras disputas silenciosas, que siempre ganaste. Quizá viniste para que te viera por última vez elegante, como con el corbatín que usabas para las fechas especiales.
En realidad, nunca sabre por qué viniste, pero te extrañaba, así que gracias por venir.
¿Será la capacidad de los muertos de volver a nuestra vida y acompañarnos sin estar?
Yo no he visto "The Walking Dead", a pesar de conocer de los zombies y de los muertos vivientes.
Y tú no te veías así. Tú te veías radiante y sereno.
Y yo sabía que estabas muerto.
Pero también sabía que estuviste aquí.
jueves, 12 de febrero de 2026
papeles
sábado, 7 de febrero de 2026
anaclaridades
viernes, 30 de enero de 2026
lugubridades
miércoles, 17 de diciembre de 2025
sexto día
viernes, 12 de diciembre de 2025
favores
Era una protesta habitual: saqueos, barricadas, perdigonazos y hondas estirándose en dirección contraria a los asesinos del pueblo. Asestadas y corridas; preocupaciones y victorias; concreto y sonidos de candados rompiéndose llenaban el confuso aire que se mezclaba entre maderas, publicidades y llantas quemadas. Pero ese día algo pasó. La rabia fue más. La rabia siempre es más. Y entre la escasez de los recursos y la astucia permitida nos vimos en las puertas providenciales de la catedral. Un cúmulo de iconoclastas de justa rabia, ante los estandartes de lo divino y lo sacro, que de sacro las torturas; que de divina la represión.
Las Santas Patronas, los Apóstoles, y los Siervos de Dios, en brazos de los embriagados de rebeldía que los hacían volar hasta pulverizarlos. A mí solo me bastaron tres pasos, cruzar el umbral de la catedral, verla iluminada desde el oriente y sentir que las alturas de la alta bóveda me desconectaban de la horda transgresora y su sintonía. Sentí un espasmo, la vi, y como si fuese Juan Diego abriendo su tilma, se me contrajo el pecho y supe de inmediato lo que debía hacer. Me acerqué, como quién lo hace ante una emperatriz, y rememorando en mi mente los favores concedidos, el cuidado y la protección, le prometí también cuidarla a ella, como ella a mí, en un acuerdo revalidado por la emoción y el cariño mutuo.
Raudamente puse un reclinatorio en frente y subí mientras la tomaba de la manta estrellada, con un especial cuidado la desprendí de sus aposentos acomodándole la luna que la mece, y bajé, analizando la situación con mi propósito claro: resguardarla; protegerla; preservarla.
Caminé por la iglesia, mientras veía las bancas, los cuadros y las decoraciones religiosas ir directo a las brasas, a veces en manos individuales; a veces colectivas, pero todo en una misma dirección: la barricada.
Caminé aparentando ser uno más, y lo era. Pero el fulgor y la energía destructora se habían difuminado de mi. Estaba en calma y mi mente era un sitio en blanco y sin distracciones, por lo que, cuando me gritaron: "wenaaa compañero ahora tírala nomáaa". Yo pasé de largo, y solo intuí lo que me dijeron, cuando estaba negociando con otras personas, lejos de ahí, para que la cuidaran.
-De verdad, esto es sagrado para mí. No voy a quemarla. Cuídala por favor.
-¿¡Qué cosa, cómo?!
Entre el balbuceo, los ruidos, la polera que se metía a la boca, la incomprensión de lo que estaba pasando, y el cálculo de los riesgos que implicaba esta acción, me moví a otro lugar. Esta vez fui más claro. Y entre negociaciones y aclaraciones, logré el resguardo prometido.
Debió haber sido raro, un manifestante vestido de la misma forma que los otros cientos, pidiéndote encarecidamente ayuda para un objeto hasta entonces inanimado.
Y ahí se me pasó. Objetivo cumplido y retrotraimiento al impulso destructor y de masas que habitaba en mí hasta ese vital deslumbramiento. Avancé por las avenidas viendo gente conmocionada y herida hasta encontrar una posición táctica favorable, y encontré en una trinchera un refugio donde darle curso a la rabia colectiva.
Entre preocupaciones y victorias, entre asestadas y corridas, entre piedrazos y perdigones, un estiramiento de honda y un posicionamiento altivo hicieron de mi pecho un espacio amplio para recibir impactos, y entre el sonido del escopetazo, la fuerza de la mano soltándose del elástico, y un empujón en el centro del esternón, supuse lo que ya sabía: otro a la colección.
Yo ya tenía alrededor de cuatro, uno en la pantorilla que había sido objeto de curaciones de matico y agua oxigenada, el cual a esas alturas ya se había encapsulado en mi gastrocnemio; otros tres, que entre ecografías mal hechas, bisturís afilados y cirugías clandestinas habían sido expulsados, dejando retazos de plomo y esquirlas de sangre en lo poco de rodilla que hasta entonces me quedaba.
Rápidamente me parapeté en unos maceteros en el suelo, bajando el cierre de mi cortavientos mientras venían compañeros a preguntarme cómo estaba. Estaba bien, pero incrédulo les mostraba que el impacto del perdigón habia golpeado en la intersección entre cierre del cortavientos, y el primer botón de la polera con cuello que llevaba ese día.
En el pecho, una marca, pero nada más.
¿Me había llegado el perdigón?
¿Fue mi imaginación?
¿Me habían disparado aire? pensé.
Y recordé como cinco minutos antes un adolescente me decía que no era tan grave, pero que su mamá lo iba a retar, mientras lo llevaba con un perdigón incrustado en la sien al puesto de enfermería más cercano.
Y recordé a mi madre. Que reza por mi cada vez que salgo a la calle.
Y recordé el cerro Tepeyac. La Basílica. Las oraciones.
Y recordé el encuentro. El acuerdo. Lo sinuoso del mundo material.
Y vi a la virgen correr, conmigo en sus brazos, alejándome de esa barricada que casi se me incrusta en el pecho y dejándome a resguardo, parapetado atrás de un macetero, mientras nos agradecíamos, mutuamente, el favor concedido.
jueves, 20 de noviembre de 2025
artilugios
jueves, 30 de octubre de 2025
magnolios
sábado, 18 de octubre de 2025
café colombiano
domingo, 5 de octubre de 2025
dedicatorias
Hoy, de pura suerte, en el último puesto de la feria antes de irnos a la casa, vi que había un libro que decía pulgarcito, y sabiendo que es el apodo de mi poeta favorito -Roque Dalton-, me fijé y efectivamente era un libro de él. Y más allá de lo bonito de encontrar un libro de un autor que a uno le guste -y por una luca-, al abrirlo encontré la dedicatoria anterior, y otra, una pequeña reseña del libro y un afectuoso saludo escrito por sus primeros dueños.
jueves, 24 de julio de 2025
tradiciones
miércoles, 18 de junio de 2025
costumbres
Siempre pido los mismos sabores; siempre elijo los mismos caminos, siempre me despierto a la misma hora.
Son las seis de la mañana y no pude seguir durmiendo, porque adaptaste mi ciclo circadiano a esta hora. La diferencia es que ahora me despierto con tu ausencia, sin poder analizar e identificar cada una de las tácticas con las que lograbas tu objetivo.
Eras inteligente, nunca te lo dije, pero me sorprendía tu capacidad analítica en la toma de decisiones: siempre correcta, siempre acorde al momento. Como si la razón de tu infalibilidad fuese cuantitativa y no cualitativa. Como si cotidianamente estuvieses disputando esos partidos de ajedrez que jugábamos sin tablero.
Iniciabas tu acercamiento con un tanteo inicial, y una vez posicionándote en el pecho, hacías guardia como alfil en un fianchetto, a la espera de la primera flaqueza, a la espera del primer pestañeo, para, luego de tu paciente y activa guardia, pasar a la ofensiva.
Primero, un maullido, que a modo general, venía acompañado de un suave cariño con tu almohadilla metacarpiana: un pequeño roce, casi imperceptible, que lograba, en muchos casos, dar a entender tu propósito.
En caso de que esto no funcionara, la frecuencia de los maullidos podía ir subiendo de tono y de intensidad, y el pequeño roce ahora incluía garras, mordiscos, y todo ensañamiento posible para lograr tu cometido.
Aún siento esos rasguños, aún escucho esos maullidos, aún siento el suave roce de tu manita despertándome, aún me despierto a las seis de la mañana esperando a que llegues con tu táctica y tu estrategia para lograr algún día vencerte.
Y como te dije, soy un hombre de costumbres; y contigo aprendí la costumbre del fracaso. Y contigo aprendí a amar a esta metabólica derrota. Y te lo repito, soy un hombre de costumbres: tu plato ya está servido, porque me sigues ganando, incluso cuando no son, tus pasos sigilosos, los que me despiertan.
jueves, 5 de junio de 2025
nostalgias
niño
Siempre fuiste más del cerro, ¿no? el río te gustaba poco, porque dejaba tu pelo apelmazado, así que decidías quedarte en el balcón a mirar...
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Escribo desde las nostalgias. Hay en mi una constante melancólica que me permite sentir mejor desde el recuerdo; que me permite soltar mi lá...
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A Carmen Sabíamos que podía pasar, cariño. Tú nunca viste vacío el bolsill...
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Era una protesta habitual: saqueos, barricadas, perdigonazos y hondas estirándose en dirección contraria a los asesinos del pueblo. Asestada...