sábado, 7 de febrero de 2026

anaclaridades

Anaclara, tu locura compañera, tu locura de palomas casi halcones.

Nacida de un bastidor en un taller en Puente Alto, Lupita al ver la luz vio a sus hermanos y a sí misma y notó inmediatamente su peculiaridad: fue serigrafiada en un semitono que evidencia su superación cristiana del bien y el mal; y guarda en su ojo derecho un parche que le heredaron, de otra vida, sus ancestros piratas.
No solo el parche fue heredado, sino la rebeldía, el desapego, la búsqueda de los conflictos en altamar y el profundo deseo de expropiar, donde encuentre, los tesoros. 
Llegada su adolescencia, sufrió su primera despedida. ¿Sufrió? En absoluto. Cambió de puerto, de identidad, de familia. Y ahora, en su proceso de individuación, conquistó su nuevo y definitivo nombre: Anaclara. Porque sabe que lo nuevo se conquista.
De su antiguo nombre, solo le quedó el Lupus, o alguna enfermedad autoinmune -que por ahora no se sabe- pues ella entiende que es la única contrincante que puede contra ella misma. No hay, ni hubo, ni habrá, restaurante, ni pescador, ni vendedor ambulante, que se anteponga ante ella y su rebeldía.
Sabe de motines, de atentados y de huidas. En donde pisa deja huella, y las pandillas de los barrios populares donde ha vivido saben de su rudeza; de la leyenda de la jauría que no sobrevivió para contar que lo único que pudieron arrebatarle fue su oreja, cuando lo que buscaban era quitarle la bufanda rojinegra que cuida y lleva por la espalda; y los hospitales la conocen por sus constantes visitas y por el singular mapa de cicatrices que bajo sus canas esconde.
Sin embargo, su corazón es grande como sus ideas, y su ternura y hospitalidad ha sido objeto de agradecimiento de los vagos y rebeldes, con los que ha compartido humildemente los pollos congelados que ha alcanzado a robar; o a quienes ha llevado el alimento que con su carisma ha conseguido que le brinden, los diversos hogares que con sus sonrisa ha conquistado.
Anaclara, perra de altamar y de puertos, de caminatas largas y de paso sigiloso. Rebelde ante los malos: humilde con los buenos; Anaclara, Anaoscura, el pastor australiano y gris, que solo decidió, ser ella misma.

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