miércoles, 6 de mayo de 2026

impostores

Reventó el globo e impuso a gritos su deseo de silencio.

Pero nosotros, que de parlanchines la mala fama y de callados ni la sombra; nosotros, que de tanto dicharachar, la lengua cobra vida, nos envuelve el rostro y habla por sí sola; ¿de verdad pensaron que lo iban a lograr? ¿Que de pronto íbamos a dejar de pulir el aire con las entonaciones de nuestras risas?

Siempre lo quisieron así, ¿no? desde que el grito alegórico del nacimiento quebró la atmósfera pulcra de la sala del hospital ustedes ya sabían que con nosotros no. Que el escupitajo en la cara del policía y de frente ante cualquier autoridad. Que las banderas incendiarias y sus estandartes quemados. Que el bullicio y el alboroto. Que por favor los decibeles y la paz acústica. Que la voz rebota en eco entre paredes y árboles asonantes.

Ustedes, que intentaron negar nuestra forma de nombrar y que hicieron del coa un mal chiste. Ustedes, que hicieron hipérbole de la coprolalia y terminaron siendo imitaciones dignas de las inteligencias artificiales intentando ser el arte...

Y nosotros, con léxicos propios que nunca entenderían; con la agudeza vivida de los bares y los pasajes; con la risa de funerales y los llantos de las fiestas; y ustedes, que de malmirarnos terminaron queriendo ser todo lo que somos. Ustedes, en su simulación entre papeles con gente muerta, que sí se parecen a lo que ustedes son: falsificaciones; convenciones; fingidos acuerdos.

Quédense ahí. En su sepulcro. En su alba. En su petulante ignorancia. Si total, nunca van a dejar de ser lo que son. Ya no supieron lo que fuimos. Tampoco saben lo que somos. Y nunca pero nunca lo van a saber. Y así nomás se quedan.



Ya, Shh...

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