viernes, 1 de mayo de 2026

inevitabilidades


                                                                A Carmen



Sabíamos que podía pasar, cariño. 

Tú nunca viste vacío el bolsillo interior de esta chaqueta de cuero, y siempre te dabas cuenta de mi obstinada forma de caminar con los ojos en la espalda. Pero una cosa es saberlo, otra muy distinta es asumir las consecuencias. 

Espero que esta carta te encuentre lejos; que no te ahogue de pena, ni te llegue manchada, y que logres entender esta letra adrenalínica que me sale entre balizas y rafagazos.
Las esquirlas han llegado a la parte superior de mi espalda y de mi brazo izquierdo. Ya empiezo a caminar tambaleante, pero creo que al menos le he dado a uno. 

Por favor cuida los libros, no dejes que descubran donde los guardamos e intenta contactar a la cúpula para que los dejen en una casa de seguridad. 

A fin de cuentas, sabíamos que podía pasar, cariño, que las celdas y los alicates en las uñas; que la tumba sin nombre o el gas abierto accidentalmente en la casa. En el mejor de los casos, construir la patria lejos y a retazos, intentando armar un collage de distancias y lejanías.

Escucho los helicópteros, son dos, y desde un orificio en el techo del cobertizo veo a los esbirros: nuestros enemigos. Están en el aire; en tanquetas; rondando de aquí para allá y de allá para acá; apostados en cada esquina, acechando entre panderetas y rejas, mientras yo espero el momento preciso para llevarme unos cuántos más conmigo.

Tú sabes que no soy de constitución valiente, que me costó decirte lo mucho que te amo y que, si en algún momento lo he llegado a ser ha sido por la vía racional. Y fue la razón y el proyecto lo que me dio el coraje para estar aquí, para quedarme y no escapar, para defender con ideas y balas, lo que con tanquetazos y torturas están intentando destruir. 

En las crónicas yo habré sido un mártir, un terrorista o un héroe; eso la historia lo determinará. Pero solo tú sabrás quién era cuando caminábamos por el parque cerca de tu casa y repetíamos mil veces la misma conversación acerca de las barricadas, las tomas y las huelgas, sin querer despedirnos.

Ahora sí toca, cariño. Me despido con pluma en mano y la Browning empuñada. Con el corazón lleno de entereza, y de ti. Y con la tranquilidad de saber que el proyecto sigue vigente, como el cariño que te guardo incluso después...

Después de que esa bala termine por habitar en el bolsillo interior de esta chaqueta burdeo, que tanto te gustaba. 









 

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