Despierto de madrugada y decido empezar el día como debe ser: bebiendo café.
Salgo del embrujo de las sábanas y me dispongo a bajar por las escalinatas en un ascenso inverso que, extrañamente, se hace más complejo que de costumbre. Logro mi primer cometido. Llego al salón principal, que se impregna con la luz del alba que pocas veces conociste, por tu secreto pacto con morfeo. Llego a la cocina, y a través de frutos secos, galletas y productos que guarda la alacena logro escalar a duras penas hasta el mesón principal, donde coincidentemente con mis necesidades matutinas, hay una taza de cerámica que moldeaste con tus manos, servida y esperando que llegara de mi mañanera travesía. A través de su asa logro subir con la fuerza de mis brazos, y raudamente me instalo en el borde de la taza que me muestra abiertamente su interior.
Tal como lo pensé: las clases de taseografía y de cafeomancía que tomé para entenderte son inútiles, absolutamente inútiles. Porque este café con forma de volcán no era cualquiera. Era desbordantemente disruptivo y pletóricamente rebosante. En su aroma se notaba su cultivo en las praderas liberadas de Santander; y las notas anarquistas y dulces se hacían notar luego del primer sorbo de sarcasmo agudo. Sus procesos productivos lo diferenciaban, y es que este café fue regado con las mieles producidas por las abejas reinas, que decidieron polinizar sus flores; y que hicieron de su cultivo un enjambre de colores y de revoloteos. Cultivado con caricias poéticas, su cuerpo se hizo ligero al segundo sorbo pero en lengua su plenitud le daba la consistencia de un buen verso. Aún no era conocido su punto máximo de maduración, y solo en las extrañas tierras surandinas se daban, las condiciones excepcionales que lo pudieron crear.
Y en el borde de la taza, siento a mi cuerpo desprenderse en cámara lenta de la cerámica, en un impulso irrefrenable, inconsciente y mortal. El abismo es ardiente, y siento su sabor, las notas dulces, su levedad.
Y ya no hay vuelta atrás: he caído para siempre en el café, en mi café favorito, en ese café: tu café colombiano.
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