Siempre fuiste más del cerro, ¿no?
el río te gustaba poco, porque dejaba tu pelo apelmazado, asique decidías quedarte en el balcón a mirar las luces de los barcos que circulaban constantemente por afuera de nuestro hogar.
Alguna vez te aventuraste a salir más, y con voz de vértigo y cara de súplica implorabas que te ayudara a bajar del árbol al que no supiste nunca como trepaste.
En tu tumba te deje un tabaco, que espero crezca, que te ayude a trepar y te aleje del río; que te deje cerca del cielo; que te deje cerca del cerro.
Ese cerro al que te gustaba escaparte, por el que rompiste el patio que te construí; el cerro al que salías a jugar; ese cerro donde te hiciste amigo de las plantas.
Allá, donde tus gritos agónicos me miraron y donde tus pupilas dilatadas me dijeron por última vez, que ahí te querías quedar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario