miércoles, 18 de junio de 2025

costumbres

Siempre lo he dicho: soy un hombre de costumbres.

Siempre pido los mismos sabores; siempre elijo los mismos caminos, siempre me despierto a la misma hora.
Son las seis de la mañana y no pude seguir durmiendo, porque adaptaste mi ciclo circadiano a esta hora. La diferencia es que ahora me despierto con tu ausencia, sin poder analizar e identificar cada una de las tácticas con las que lograbas tu objetivo.
Eras inteligente, nunca te lo dije, pero me sorprendía tu capacidad analítica en la toma de decisiones: siempre correcta, siempre acorde al momento. Como si la razón de tu infalibilidad fuese cuantitativa y no cualitativa. Como si cotidianamente estuvieses disputando esos partidos de ajedrez que jugábamos sin tablero.
Iniciabas tu acercamiento con un tanteo inicial, y una vez posicionándote en el pecho, hacías guardia como alfil en un fianchetto, a la espera de la primera flaqueza, a la espera del primer pestañeo, para, luego de tu paciente y activa guardia, pasar a la ofensiva.
Primero, un maullido, que a modo general, venía acompañado de un suave cariño con tu almohadilla metacarpiana: un pequeño roce, casi imperceptible, que lograba, en muchos casos, dar a entender tu propósito.
En caso de que esto no funcionara, la frecuencia de los maullidos podía ir subiendo de tono y de intensidad, y el pequeño roce ahora incluía garras, mordiscos, y todo ensañamiento posible para lograr tu cometido.
Aún siento esos rasguños, aún escucho esos maullidos, aún siento el suave roce de tu manita despertándome, aún me despierto a las seis de la mañana esperando a que llegues con tu táctica y tu estrategia para lograr algún día vencerte. 

Y como te dije, soy un hombre de costumbres; y contigo aprendí la costumbre del fracaso. Y contigo aprendí a amar a esta metabólica derrota. Y te lo repito, soy un hombre de costumbres: tu plato ya está servido, porque me sigues ganando, incluso cuando no son, tus pasos sigilosos, los que me despiertan.

jueves, 5 de junio de 2025

nostalgias

Escribo desde las nostalgias. Hay en mi una constante melancólica que me permite sentir mejor desde el recuerdo; que me permite soltar mi lápiz a mis memorias; que me permite pensar mejor desde el dolor. Y no es que sufra y llore irremediablemente y piense que todo tiempo pasado fue mejor. No. Mañana es mejor. Pero mañana no escribiré, porque el goce y disfrute del tiempo presente y futuro son fútiles ante esta musa que me cargo y que me exige las penas, que me pide las añoranzas, que se alimenta de mis distracciones, de mis errores, del peso de las acertadas y erradas decisiones. Y que se carga y se renueva, porque la vida sigue, porque el tiempo no para, y porque la necesidad vital de escribir necesita renacer, otra vez, en nuevas nostalgias; en nuevas penas.

domingo, 9 de diciembre de 2018

libertadores

Creo que las pasiones que despierta un clásico en una final, (y el fútbol en general) deben ser una leccion política de un horizonte a construir para un proyecto popular y emancipador. Un mito que nos haga desrazonarnos, encorazonarse, heroificarse para dar la vida por lo que unx cree verdadero, eso se requiere. El ser y nuestros pueblos necesitan ese mito, la razón no alcanza, no llena su "yo-profundo", por eso vemos una Bombonera y un Monumental repletos con gente dispuesta incluso a usar la violencia por su fe, porque para ellos es legítima, porque creen, porque todo vale por aplastar al contrincante y llegar a su destino anunciado en las profecías primigenias: ser dignas de la Libertad-ores contra su eterno rival. Ser campeón estaba escrito. Y eso no quiere decir que uno se desentienda de los fichajes y las formaciones, del estado de la cancha y del clima, del físico y la técnica, de la táctica y la estrategia. No, eso importa y está presente. Sin embargo, la convicción moral de los jugadores y de los hinchas supera los razonamientos y cálculos. La fe, la convicción, la esperanza de campeonar, la entrega de cuerpo y espíritu por la causa, esos son los verdaderos atributos que permiten soñar y crear ese Sur Liberado, es decir, el sueño de tomar La Copa por asalto en la cancha del enemigo pues. (si es por elegir, soy bostero, nunca podría ser de un equipo que se autodenomina "millonarios", mucho menos no ser ni chicha ni limoná).
Y no sé como será en Argentina... Y la verdad los puntos cardinales nunca fueron mi fuerte, pero del Monumental de Arellano algo aprendí, y lo considero importante en cualquier final.
Cuando se ataca desde el Sur, las cosas siempre salen mejor, porque pal lado Norte se hacen los goles. Y es místico, una experiencia semi-divina cuando desde el Este el Sol ilumina la cordillera y se hace un gol al arco Norte. El grito de gol se escucha y resuena diez mil veces, y parece ser que son millones celebrando, bajo lienzos que dicen
"LOS MISMOS DE SIEMPRE" 
los mismos que han estado años ahí en la galera, custodiados por los espíritus de Lautaro, Galvarino, Tucapel y Caupolicán...
Y podemos hacer goles, pero también puede que muchas veces nos veamos en situaciones dificiles, con goles en contra y cortos de tiempo, pero hay que ver la copa y el partido, derrotas son victorias cuando el campeonato y el proceso es el objetivo.
Sus estadísticas y sus transacciones millonarias nunca podran comprar la pasión por los colores. Ni fifa ni conmebol.
¡Libertadores o no seremos!

niño

Siempre fuiste más del cerro, ¿no?  el río te gustaba poco, porque dejaba tu pelo apelmazado, así que decidías quedarte en el balcón a mirar...